Los Jinetes del Apocalipsis


-Tengo poca expectativa- expresó el Prosecretario General – “Los Jinetes del Apocalipsis” buscan enmascararse - dijo el mentado Prosecretario General en conferencia de prensa hace unas horas -Ya se han firmado innumerables decretos acerca de la proscripción del comando subversivo “Los Jinetes del Apocalipsis”, si ellos siguen haciendo esa absurda predicción no es problema nuestro.

Al principio, la aparición de un nuevo partido político denominado “Los Jinetes del Apocalipsis” había resultado al pueblo muy snob, un nombre “cool”, después de los siempre consabidos nombres de Frente tal, Color cual… Aquello era fascinante.

Pero el conflicto con “Los Jinetes del Apocalipsis”, estalló el día que hicieron el anuncio de que el apocalipsis del 11/11/11 a las 11:11:11 se había visto interrumpida por un asunto que les era imposible revelar, y que la fecha haría un “shifting” de un mes exactamente, por lo que nuevamente estalló la alarma de que el 11/12/11 a las 11:11:11 definitivamente sería el fin del mundo.

“Esta vez es absolutamente cierto aunque con ciertas variantes” – dijeron el presidente, secretario y tesorero de “Los Jinetes del Apocalipsis”.

A los once segundos del magno anuncio, el Prosecretario General de la Nación se presentó en la sede central del mentado partido, lógicamente interesado en las “variantes”, mas el Presidente de los Jinetes en persona le dijo al Prosecretario que no podía presentarse “así como así” en la magna sede, por lo cual, lo invitó gentilmente a comunicarse con la secretaria del partido, y hacer una cita para otro día.

El Prosecretario General quedó absolutamente molesto, por lo que apenas regresó de la magna sede, lanzó un decreto en que a partir de aquella fecha, “Los Jinetes del Apocalipsis” quedaba proscripto por haber descubierto propósitos malsanos en su programa de gobierno, y les confirió el carácter de comando subversivo.

Mas a pesar del cambio de “status”, las variantes del nuevo apocalipsis eran secreto de “Los Jinetes del Apocalipsis”.

El Gobierno disponía de muy pocos días para desvelar aquel misterio, y por un sueldo bastante considerable realizó un llamado a Concurso para 1.000.000 de postulantes al cargo de “Descubridor”.

Hacía una semana que los descubridores trabajaban sin parar. Milagrosamente, quizá debido al porte de la remuneración del cargo, ninguno adujo a que era muy poco el tiempo, ni pidió más tiempo. Tampoco dejaron para la mañana sus estudios liceales y/o universitarios. Lisa y llanamente los interrumpieron porque tenían miedo de morir y querían descubrir el meollo del asunto.

Muchos descubridores orientaron el carácter de la investigación a “La maldición de Capistrano”, y se abocaron a la búsqueda de Don Diego de la Vega, y fueron a buscarlo en todas las luchas contra las injusticias cometidas por las autoridades y defensa a los oprimidos. Los descubridores buscaban fehacientemente al Zorro Posmoderno, y estaban convencidos de que él tendría la pista de la variante.

Pero pasaban los días y el Zorro Posmoderno no aparecía, y fue entonces, que un “iluminado” del grupo de descubridores, Simón Bubuá (aclaramos que no es pariente de Simonne de Beauvoir) decidió abrirse camino y arrancar por cuenta propia, asombrándose de que ninguno de sus compañeros descubridores le serruchara el piso a medida que iban pasando los días.

Simón Bubuá dijo que no es filólogo, sino doctorado en filosofía política. Comenzó escribiendo un ensayo denominado “El misterio del Apocalipsis”, cuyo texto era pasado por diez secretarias descubridoras, por aquel asunto de la pasada campaña “Una mano no basta, dame las dos”. Pero no bastaban ni dos, ni tres, ni cuatro ni cinco, por lo que las diez mujeres no paraban de digitar, porque se había excluido de las bases del concurso para el puesto Secretaria de Descubridor tener aprobado el curso de Dactilografía para Principiantes.

Si no me equivoco, en el clásico "La condición humana" de Hannah Arendt se incide en estos términos al referirse a la democracia griega: si el hombre carecía de recursos para dialogar y discutir con libertad sobre política en el ágora, es decir en “el” sitio “público” por excelencia, se dedicaba a sus asuntos “propios”. El matiz consiste en que lo “propio” se distinguía de, o se oponía a lo “común” (lo comunitario, el bien público, es decir, la política), pero no suponía una "enfermedad mental" -como otros define a la idiocía-, ni el servicio a un particular o esclavitud, sino la dedicación a actividades “productivas”, crematísticas, artesanales, y tal vez artísticas. Este hombre se veía así “privado” de intervenir en la cosa pública, en la política. Algo que posiblemente fuese voluntario, por necesidad económica. En griego ιδιος significa “particular” y el ιδιωτης es un simple ciudadano particular que ni ocupa cargo público alguno ni participa en asambleas, y se dedica sólo a su vida particular. Las fuentes no son sólo la obra de Hannah Arendt, sino los textos clásicos de la época. En la Atenas del siglo V a.C., período álgido de la democracia ateniense, el término ιδιωτης va adquiriendo un matiz despectivo, pues se consideraba mal que alguien se mantuviera apartado de esos asuntos públicos que iban a gestionar su vida, pudiendo participar en ellos (en esa fase existían las "liturgías" o subvención económica que la polis daba por asistencia y participación y que sacaba de los altos impuestos que Atenas imponía a sus ciudades sometidas y aliadas). Denominar "asuntos privados" me parece incorrecto. Sería más adecuado decir "propios asuntos" o "asuntos particulares". Digo, para asignarle a la palabra un significado referenciado al contexto de esos momentos. En la antigua Grecia democrática, la máxima pena que se aplicaba a un ciudadano en relación a su participación en la vida social, era el exilio; su significado era impedirle, privarlo de participar de lo público. Parecería entonces que la dupla antinómica debería ser Público/Idiota. La raíz, en este caso, es ιδιος (ídios = solo, aislado). Para el caso de "idiosincrasia" sí sería: "ídios" = propio y συγκρασις (synkrasis = constitución). La palabra proviene del griego ιδιωτης (idiotes) para referirse a aquel que no se ocupaba de los asuntos públicos, sino sólo de sus intereses privados. La raíz "idio"significa "propio" y es la misma que en "idioma" o en "idiosincrasia". Es por eso que acaba adquiriendo el valor de alguien un poco tonto e ignorante, que renuncia (por voluntad o incapacidad personal o causas económicas) a ocuparse de la política que le afecta. Es así como el término prestado al latín va adquiriendo el sentido de alguien zafio e ignorante, burdo y sin instrucción. Este es el valor que conserva durante toda la Edad Media y el Renacimiento, hasta que la medicina francesa del S. XVII establece una clasificación de las deficiencias psíquicas o retrasos mentales, y utiliza el término "idiota", al igual que lo hace con el vocablo latino "imbécil", para denominar uno de esos grados de minusvalía psíquica. De ahí sus acepciones como enfermedad mental recogidas en los diccionarios, y de ahí también el que, al igual que sucedió con la palabra imbécil, acabara convirtiéndose en un insulto que hace referencia a las escasas dotes mentales del insultado. El vocablo idiota también es usado en latín, y significa «ignorante». El idiota, en el Medioevo, se le decía a aquella persona que no creía en Dios.

Apenas las diez secretarias descubridoras terminaron de pasar en limpio el borrador de Simón de Bubuá, éste se lo llevó en persona al Prosecretario General de la Nación.

-¿Qué es esto? – dijo al cabo de una vichada de una hora a Simón de Bubuá el Prosecretario General.
-¿No lo ve Ud? ¡Es la variante!—respondió de Bubuá.
- ¿La variante? ¡Pero estos son jeroglíficos! – gritó indignado el Prosecretario.
- Disculpe, excelentísimo señor, yo ignoraba que los prosecretarios carecían de amplios conocimientos de lingüística- trató de explicar de Bubuá.
- ¿Cómo se atreve? – respondió el Prosecretario. -¿ Me está diciendo lengua larga? ¡Mire que lo remuevo mañana mismo de su cargo de Descubridor!
- Usted se refiere a una destitución momentánea- afirmó de Bubuá.
- Disculpe, de Bubuá, ¿acaso no fui claro en lo que le acabo de decir?- dijo el Prosecretario.
- Por supuesto, el “momentáneo” se corresponde con el resultado de mi ensayo, excelentísimo Señor Prosecretario General de la Nación.

Anna Donner Rybak © 2011
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